martes, 15 de mayo de 2012

I

Sentada al amanecer en el parque de Eirís sobre la fresca hierba cubierta de gotas de rocío miro al cielo. Está precioso, tiene un color entre azul y verde y aún no ha salido el sol, aunque se puede intuir por dónde saldrá, pues hay un trozo de mar y horizonte más iluminados que otros. En este cielo de primeras horas de la mañana están dibujadas muchas nubes de color blanco azulado con sombras violetas. Nubes  pequeñitas y muy bonitas, de esas que cuando te quedas mirándolas ves distintas formas que van cambiando a cada instante que pasa. Sopla una suave brisa y cierro los ojos. Dejo que el viento se lleve mis pensamientos a un lugar lejano. Mis divagaciones me llevan a la conclusión de que el único momento que realmente poseo es el presente y que lo que debo hacer es vivirlo. Entre reflexiones dejo libres mis pensamientos y poco después abro los ojos, pues empiezo a oír una melodía. Es la melodía de mis pensamientos mecidos por el viento y algo más. Miro de nuevo al cielo. 

Y escucho el paso de las nubes por el cielo del amanecer.

viernes, 4 de mayo de 2012

Paris

Siento el deber de escribir algo, pero no sé el qué. 
En cambio, sí que sé el sobre:
Sobre Francia, sobre las canciones francesas, los chicos franceses, el francés, las crépes, sentarme a tomar el sol a la orilla del Sena, la plaza de los artistas con la fuente Stravinsky, les Champs Elysees, el sombrero del bus, los cisnes de Versailles, el edificio de la ópera, el barrio latino, el señoriño que tocaba el clarinete enfrente del Quai d'Orsay, La libertad guiando al pueblo, el puente de los candados, el sombrero del pato Donald que nunca encontraré, la sombra de la Torre Eiffel, la misma de noche, las galerías Lafayette, las bailarinas de Degas, las parejitas que veíamos desde el barco,  Montmartre, la Victoria de Samotracia... Sobre París

Esa increíble experiencia que viví junto a vosotras, que recuerdo como si acabase de llegar de esa increíble ciudad que me enamoró.