Desde el paseo marítimo veo las olas romper contra los islotes de "O boi" y "A vaca" en este día de temporal.
Una lluvia no muy fuerte golpea mi paraguas, pero decido pararme para observar más tiempo el mar gris a juego con el cielo.
Las fuertes ráfagas de viento crean olas que chocan contra los acantilados estallando en mil y un fragmentos de espuma blanca que hace contraste con el paisaje monocolor y, durante su ausencia, las aguas del mar picado salpicado de cabrillas acarician suavemente la base de las rocas y de la playa, completamente vacía.
Las nubes comienzan a despejar en el horizonte y a lo lejos observo el reflejo sobre el mar ya azul de un rayo de sol que asoma entre las nubes.
Pronto llegará la calma.
Una pareja de gaviotas juguetea dejándose llevar por las corrientes de aire cada vez más suaves.
Se nota que lo están pasando muy bien.
¡Quién me diera ser gaviota!