martes, 27 de septiembre de 2011

Arpegios

Aishh, me siento importante! Mi primer día de clase individual del curso y ya comienzo a experimentar las nuevas mejoras que suponen pasar a G.P. Descubrí que los arpegios son unas cosas compuestas por muchas notas, que acompañan a las escalas, que pueden ser de muchos tipos y que parece que se convertirán en un quebradero de cabeza para esta pobre estudiante.
Ya llego hasta el Sol agudo (sí, el de ahí arriba, el de arriba de todo) que hace que se me complique aún más las escalas (con lo sencillas que me parecen ahora las del año pasado!) y conseguí pasar POR FIN el maldito étude de sonorité et style nº 25 -llevaba con este estudio desde antes de Semana Santa, así que ya os podéis imaginar la tremenda alegría que me dio mi profe cuando dijo que no lo llevaba repe (Haaaalleluya!).
Hoy la clase de clarinete ha estado francamente bien. :)

sábado, 24 de septiembre de 2011

Algo que nunca olvidaré...

es ese capítulo de El Principito de Antoine de Saint Exupéry (una lectura que recomiendo) en el que el principito llega al planeta del bebedor. Es un pequeño texto de no más de 20 líneas, formado mayormente por un diálogo, pero que está lleno de razón y que te hace reflexionar. En mi opinión, se trata de un diálogo digno de recordar.


" Pricipito: ¿Qué haces aquí? -preguntó al bebedor, al que encontró instalado en silencio ante una colección de botellas vacías y una colección de botellas llenas.

Bebedor: Bebo -respondió el bebedor con aire lúgubre.

P: ¿Porqué bebes? -le preguntó el principito

B: Para olvidar -respondió el bebedor

P: ¿Para olvidar qué? -inquirió el principito, que ya lo compadecía.

B: Para olvidar que siento vergüenza -contestó el bebedor, bajando la cabeza.

P: ¿Vergüenza de qué? -se informó el principito, que deseaba socorrerlo.

B: ¡Vergüenza de beber! -concluyó el bebedor, encerrándose definitivamente en silencio."





Además de ser un diálogo muy tierno, me ha ayudado a abrir al público este blog, pues al empezar a escribir comencé a sentir vergüenza y a tener miedo de que no gustase y, tras ocultarlo, me sentía incapaz de volver a mostrarlo porque sentía vergüenza de haber sido una tonta y heber tenido vergüenza en aquellos primeros momentos. Hasta hoy, fui un poco como el bebedor. Me había encerrado en un círculo vicioso del que me era imposible salir. Pero, a diferencia de ese pobre y desgraciado personaje, he conseguido, finalmente, escapar de él.

Y, creedme, ahora me siento mucho mejor.