Lleno de aire mis pulmones y comienza a sonar un decidido Sol al aire, como un viejo soldado que observa con mirada sabia, corage, y una pizca de nostalgia el campo de batalla de una guerra que sabe que para él será la última.
La escala musical desciende, y con ella mi aliento.
A cada intervalo que bajo siento la continua disminución de mis reservas de aire.
Y, con horror y un fugaz pensamiento que recorre mi mente diciendo "¡lo sabía!", veo que soy incapaz de parar de tocar para inhalar aire.
Algo me empuja a llenar este claustrofóbico estudio con el sonido de mi clarinete, un sonido cuya existencia es debida a mi aliento, de manera que se convierte en una prolongación de mi ser. Y, para mi desgracia, yo me hundo al igual que el sonido.
No intento resistirme, estoy demasiado cansada dar la vueta y ascender hacia la superficie.
Sólo es cuestión de tiempo que toque fondo, yo misma sabía inconscientemente que este era el final.
Aprovecho el poco oxígeno que me queda para intentar reaccionar ante esta horrible sensación.
Intento con todas mis fuerzas dejar de soplar e inhalar aire
Demasiado tarde.
Inevitablemente, me ahogo en el Mi de la primera línea adicional descendiente en clave de Fa en 3ª.
El grave sonido, al igual que los latidos de mi corazón, va muriendo poco a poco, hasta volverse completamente inaudible.