martes, 25 de octubre de 2011

Hoy, antes de entrar en de clarinete, me ofrecieron un reto, una oportunidad de las mejores que me podrían haber propuesto en el mundo real en el que vivo (sí, definitivamente vivo en el mundo real, lo que pasa es que mi residencia vacacional está en el mundo de yupi -o de los sueños- y yo acostumbro a coger vacaciones con frecuencia -me encanta hacer escapaditas siempre que puedo- , pero eso ya es otro tema que no viene al cuento.).
Se trata de un desafío, un reto que, en mi sano juicio, nunca rechazaría. Éste sí que es un tren que no pienso perder, por lo menos en lo que a mí respecta, pondré todo mi esfuerzo en cogerlo y llegar a mi destino.


Es un desafío que conyevará mucho esfuerzo, cambios, dedicación, esfuerzo, concentración,... no sé si dije esfuerzo, organización, madurez, tener las cosas claras... ah, y creo que me olvido de una cosita muy importante: ESFUERZO.
En resumen, pueden pasar 2 cosas (como siempre, una buena y otra mala. Sé que es triste, pero en mi mundo el color gris es muy escaso). Estas dos cositas llevan en su composición ESFUERZO; ahora bien, en una tendrá un efecto positivo sobre mi persona (ésta es la buena) y en la otra (la mala, claro está) este esfuerzo acabará matándome (en sentido figurado en el mejor de los casos).
Por supuesto, pondré todo mi esfuerzo para llevarlo bien y, de paso, demostraré a ciertas personas (que no tiene depositada en mí la suficiente confianza y creen que me enfrento a algo que será superior a mis fuerzas y no me creen capaz de salir victoriosa del asunto) que están muy equivocadas y que yo tengo razón. Porque, como es lógico yo confío en mí misma y en mis posiblidades y me creo capaz.
Además, aunque se me ha propuesto este reto, tengo que..., cómo decirlo... tengo que pasar unos preliminares para poder presentarme a la gran prueba. Si no los paso, todo se acabó. Pero eso no sucederá. Simplemente los menciono porque existen y si no me daría la sensación de que estoy mintiendo o por lo menos de que oculto la verdad, la realidad. Pero la importancia que me interesa darles es ínfima. Otro motivo por el cuál los menciono es que, hasta que no los haya pasado, no mencionaré de qué tipo de reto se trata. Además, si no, todo lo mencionado anteriormente perdería con rapidez su toque de misterio.
¿Qué esperábais? ¿que desvelase todo el quid de la cuestión, esa frase que aclararía la mayoría de las dudas que rondan por vuestra cabeza minetras leéis estas líneas, al final del post? Siento desilusionaros, pero no odio actuar de manera predecible ;)

lunes, 10 de octubre de 2011















"Quiero encontrarte a ti sonriendo a la vida si no te sonríe ella a ti".



miércoles, 5 de octubre de 2011

Es importante tener algo en que creer, ilusiones o esperanzas que te ayuden a seguir adelante cuando no le encuentras ningún sentido a tu vida. Los sueños, esas historias sobre un futuro perfecto en el que eres una persona feliz que ha cumplido sus expectativas y que se despierta cada mañana con una sonrisa; son una de esas cosas, por lo que es importante protegerlos, cuidarlos, mimarlos... porque son lo que nos queda cuando sentimos que está todo perdido.
Los sueños son muy distintos unos de otros. Los hay sencillos, fácilmente realizables y que nos proporcionan una felicidad momentánea, esa que sentimos con los pequeños, pero grandes detalles que nos regala la vida. Otros resultan cien veces más complejos y, aunque hasta vienen con manual de instrucciones, resultan casi irrealizables.
Algunos son tan dulces que pueden quitarnos el mal sabor de boca que nos produce la más amarga experiencia. Otros tienen tanta fuerza que nos ayudan a ver un mañana feliz en este futuro tan incierto que nos espera. Sean de azúcar, complicados, de mármol, sencillos, de cristal, azules, amarillos o de porcelana; debemos cuidarlos con cariño y creer en ellos para que no se desvanezcan.
Incluso podemos proponernos luchar por hacer que se vuelvan algo real. Eso sí, esto ya requiere algo más. Porque un sueño es algo que está relacionado directamente con la realidad: ante la presencia de ésta puede reaccionar de dos maneras muy distintas (una buena y la otra mala). La reacción buena es que ese sueño, al chocar con la realidad en la que vivimos, se cumple. Esto da lugar, sin duda, a la felicidad. Ahora sí, la mala, al igual que la buena -que es muy buena-, también es la más superlativa de su campo. Es esa que todos evitamos, esa otra manera a la que tienden a reaccionar algunos sueños al chocar con la realidad; la de romperse en mil pedazos. Por ello, hay que estar mínimamente preparado para evitar heridas graves causadas por las astillas de un sueño roto.
En resumen, lo que cada cual quiera hacer con sus sueños es un asunto que sólo incumbe al individuo que los sueña. Puede guardarlos bajo llave en una cajita y deleitarse con ellos cada vez que lo necesite para evadirse de la realidad; o puede dejarlos salir, para experimentar cuál es su manera de reaccionar al entrar en contacto con ésta.
Cada cuál debe tomar su propia decisión. Personalmente, me gustaría arriesgarme de una vez por todas, pero por ahora prefiero verlos dentro de su cajita, custodiados por una bailarina que se mueve al ritmo de la Danza del Hada de Azúcar, del Cascanueces de Tchaikovsky. Son todos dulces, cristalinos y muy jóvenes y dudo que estén lo suficientemente preparados como para enfrentarse al mundo. No quiero despertarme como Clara, de repente, y descubrir que mi cascanueces nunca fue un príncipe.
No, mis sueños necesitan aún su puntito de vainilla.